La Alpujarra: visitarla en Autocaravana con niños

La Alpujarra.

Una vez comenzado el viaje, nuestro primer destino fue la Alpujarra granadina. Eso de empezar tranqui, por caminos fáciles para acostumbrarnos bien a llevar la Chancha, nos lo olvidamos en Estepona.

Lanjarón, La Alpujarra

Lanjarón

Subir la sierra tuvo sus momentos “uy uy uy”, “sssssss” y “más fino no podíamos”, pero no fueron demasiado la verdad, teníamos claro que por ser domingo de tardecita, no iba a haber tanto tráfico, y por suerte no nos equivocamos.

La primera parada fue Lanjarón, la puerta de la Alpujarra. Un pueblo muy bonito, que está ubicado en la ladera de la montaña, a unos 650 metros de altura con unas vistas impresionantes, un balneario, un castillo de origen musulman, varios senderos que no pudimos hacer porque se no hizo tarde y algo que a partir de ese momento se volvió obsesión de los chicos: ¡Fuentes de agua potable!! El pueblo las tiene repartidas por todos lados y era imposible no parar a beber en cada una, sed no pasamos en ningún momento.

Luego de pasar la noche estacionados al lado de la carretera. (Vamos a hacer un pequeño inciso acá: Esto es un error de principiantes, ya que dormir cerca de la carretera implica ruidos, muchos ruidos y vaivenes que ocasiona el pasar de los camiones, y si el pueblo se levanta temprano, más.

Así que primer consejo, en la medida de lo posible, si quieren pasar una noche tranquila, no se estacionen cerca de las carreteras.) A la mañana siguiente amanecimos, hicimos la conversión al modo ruta y seguimos camino, nuestro destino era Órgiva.

Entramos al pueblo y buscamos un lugar donde estacionar la Chancha, cosa que resultó muy difícil porque estaban con los preparativos para las fiestas locales y tenían muchas calles cortadas y el lugar en el que podíamos pasar la noche estaba cerrado al tráfico. Así que después de muchas vueltas decidimos que no iba a poder ser, y cambiamos el rumbo dirección Pampaneira.

Pampaneira

Pampaneira te entra por los ojos, el pueblo es hermoso y como tienen una buena afluencia turística, todo está muy bien presentado. Cada rincón por el que pasábamos nos gustaba más y más, callecitas con canaletas en el medio por las que corría el agua, completamente cristalina. 

Había bastante gente, pero así y todo, el silencio se hacía notar, la parsimonia de la gente local, las calles con mucha pendiente y la mayoría son demasiado angostas como para que pase un coche, así que la vida se hace a pié. 

Paramos a repostar energías en un barcito donde los chicos no tardaron en contarles a todos los de las mesas cercanas quiénes éramos, qué hacíamos y a donde íbamos, ¡Por suerte no saben el número de pin de la tarjeta, porque sino, también se lo cuentan!

Bubión

Dimos una vuelta más y seguimos camino a Bubión, un pueblito que estaba un poco más arriba de la sierra. A diferencia de Pampaneira, este pueblito parece ser mucho menos turístico, mucho más tranquilo, al punto de que no vimos gente como hasta después de las 5 de la tarde. 

El pueblo está situado a unos 1300 metros de altura y las vistas no tienen desperdicio, simplemente impresionantes. Salimos a dar una vuelta y nos dimos cuenta de que las casas no tienen techo, por lo menos, no con tejas, en su lugar, usan lajas de piedra desde las que emergen unas chimeneas blancas, lo que les da un toque especial.

Capileira

Pasamos la noche y a la mañana siguiente decidimos ir a Capileira que es el pueblo que estaba más arriba en la sierra y el último de esa carretera, pero como nos avisaron que ese día iba a haber mercadillo y tenía lugar en donde íbamos a estacionar decidimos subir a pié, caso que tomó unos 40 minutos, se puede hacer por la carretera o por un sendero (de esto último nos enteramos a la vuelta).

Capileira es, al igual que Pampaneira, un pueblo más abocado al turismo, por lo que las calles principales estaban abarrotadas de restaurantes, las cuestas de sus calles son de esas que te hacen plantearte la existencia de los gimnasios, no aptas para zapatillas con la suela gastada, pero sin dejar de ser un pueblo hermoso, cada esquina esconde un nuevo rincón.

Dejamos la Alpujarra con dirección a Granada, habiendo disfrutado muchísimo de sus pueblos, sus calles, su gente y sus rincones. Nos fuimos con ganas de habernos podido quedar más días pero la Chancha necesitaba un cambio urgente de pastillas de freno… aunque eso queda para otro post.

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