¿Nos afecta el desarraigo?

¿Nos afecta el desarraigo?

Una de las preguntas que con más frecuencia nos hacen, cuando hablamos de nuestra aventura, es la de si nos afecta el desarraigo y esa es una pregunta que no tiene respuesta fácil.

Para empezar, depende mucho del día, a veces uno añora más que otras, nuestros días son bastante más agitados de lo que solían ser antes de comenzar nuestra aventura por lo que no nos queda demasiado tiempo muerto como para dejar la mente divagar. 

Me gustaría decir que no hago referencia a la familia directa, en mi caso particular, casi toda mi familia vive en Argentina, así que eso de extrañarlos ya lo tenía asumido desde hace rato.

"No obstante esto, no es que no hayamos pasado por momentos tristes".

Hasta ahora no hemos estado demasiado tiempo en un mismo lugar como para que esa sensación de arraigo vuelva a aparecer y quizás, ahora, que la primera etapa del viaje terminó, podamos tomarnos las cosas con un poco más de calma y estemos más días en un mismo lugar.

Sant Sadurni d' Anoia

Sant Sadurní d’Anoia

La primera vez que esa sensación de sentirse en casa nos invadió, por lo menos a mí, fue en Sant Sadurní d’Anoia.

Ya era casi de noche cuando llegamos a la última de las áreas que la zona del Penedés tiene para ofrecer a quienes viajan con su casa a cuestas que nosotros teníamos marcadas en nuestro itinerario. Estaba bastante llena, así que nos ubicamos en el único lugar libre que vimos.

Pasamos una noche muy tranquila.

Al otro día desayunamos como de costumbre y mientras Eleo lavaba, yo salí a tirar la basura, y en eso un señor me hizo unas preguntas sobre la Chancha y su esplendor. Esta persona resultó ser Santi, junto a él estaba Fernando y Ana, que todavía estaban a medio desayunar. Ví un mate…y como era? ¡ví luz y entré!

Después de un rato de charla salió Eleo a buscarme y me encontró sentado muy cómodamente en la mesa en muy buena compañía, así que se sumó y después los chicos.

Sant Sadurni d' Anoia

...Y de la nada nace un vínculo.

Cuando sós chico no te hace falta tener demasiado en común para entablar una conversación, pero cuando uno es grande (que no maduro) cuesta bastante más. Pero estábamos en un lugar lleno de autocaravanas, así que el tema en común nació solo. 

Ya era casi mediodía, así que decidimos ir a hacer un pequeño sendero que Santi nos había recomendado. El camino recorría la finca de Codorniu, donde pudimos ver sus viñedos. A la vuelta, ya siendo hora de comer, volvimos a la Chancha, se suponía que Fer iba a hacer un asado, pero las cosas rara vez salen según lo planeado. Fer tenía que trabajar, así que decidieron ir a comer a un restaurante, pero nosotros ya teníamos comida hecha…¡mentira! Somos re lauchas, así que nos quedamos.

Sant Sadurni d' Anoia

Despues de comer...

A la vuelta del almuerzo conocimos también a Estela, que vive en una camper y a Paula, David, Sofía y Diana y a Pepita (que el nombre no los engañe, ¡Pepita es un pedazo de bus!) Ellos también vendieron todo y se fueron a vivir a su casita con ruedas, que comparada con la Chancha es un tremendo chalet. Compartimos unos cuantos días de juegos y alguna que otra caminata, los chicos volvieron a sentir lo que era tener vecinos y nosotros…también.

A estas alturas ya íbamos casi dos meses de viaje desde que nuestra casa tenía ruedas, y nos habíamos olvidado de esa sensación que tenés cuando encontrás un lugar donde te sentís muy a gusto.

Al final...

El plan era quedarnos en Sant Sadurní sólo una noche, pero como dije antes los planes cambian, y nos terminamos quedando 5 días y el día que nos tuvimos que ir, esa sensación de tristeza, de estar desprendiéndose de un pedacito de tu corazón volvió a aflorar.

Cruzando Francia.

Después de Sant Sadurní nos fuimos unos días a Barcelona a visitar amigos, y de ahí fuimos rumbo a Carcassonne, para encontrarnos con Silvi, Ale, Maitu, Choli y Gaspa.

Y fuimos juntos, ellos a bordo de su Aurora, nosotros en nuestra Chancha, cruzando las tierras francesas con rumbo noreste. La idea era llegar hasta Estrasburgo y desde ahí separarnos para que ellos sigan su camino hacia Amsterdam y nosotros hacia Blaichach, en Alemania, donde íbamos a pasar las fiestas con la familia de Eleo.

Colmar, La Alsalcia

Nos tomó 9 días cruzar las tierras galas, en el camino, entre caminatas, bicicleteadas, mateadas, almuerzos, meriendas y cenas forjamos otra gran amistad con estas hermosas personas con las que tenemos tanto en común. Siempre en buena compañía, siempre con carcajadas y la alegría de los 6 chicos de fondo.

Tarde de juegos

Vivir Viajando.

Cuando llegó el momento de decir adiós, de nuevo nos sobrevino esa amarga sensación que acompaña a cada despedida. Hubo muchos abrazos y lágrimas, al igual que muchos buenos deseos y la promesa de volvernos a ver.

Si llegaste leyendo hasta acá, primero que nada, ¡Gracias! Segundo, a lo mejor pensás que este estilo de vida que elegimos no es el más indicado si somos de esos que sufren con las despedidas, pero, no es la primera vez que dejamos todo para empezar de nuevo, y otro pero (y este es un muy importante), siempre son hasta luegos, y además, es la razón por la que comenzamos la aventura, para conocer a un montón de personas maravillosa, que de habernos quedado tranquilos en nuestra antigua casa seguramente no conoceríamos. Es un pequeño precio a pagar a cambio de llenar nuestros corazones de muchas personas hermosas que nos alegran la vida y que nos empujan a seguir viviendo la vida de esta manera.

Juno y Gaspa

Con esto no quiero decir que nunca vamos a parar porque como dije antes:

Los planes cambian.

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4 comentarios

    1. ¡Muchas gracias Ivan! Nos pone muy contentos que te haya gustado, para nosotros este blog se convirtió en una parte fundamental de nuestra vida, ya que nos permite exteriorizar cosas que a lo mejor de otra manera callaríamos. Un saludo muy grande de los 5

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